– Al final la acompañaron a su basílica en Pátzcuaro.

Por: José Luis Sánchez Rodríguez.

Ciudad Hidalgo, Michoacán, a 16 de agosto de 2022.- En la Parroquia de San José, de esta ciudad en la misa de 7 de la mañana se despidió a la imagen de la Virgen de la Salud y al término de la celebración eucarística la acompañaron a su Basílica, ubicada en Pátzcuaro, Michoacán, en donde a su llegada hubo otra misa.


En la homilía se destacó que el reinado de la Virgen María, no es de poder, sino de servicio, de entrega y de amor, por ello  nos pide construir una sociedad, una iglesia donde haya apertura, María se reconoció criatura y sierva del señor, el compromiso que deja la Virgen María, es que me voy físicamente, pero me quedó de los gestos de amor que hacen al prójimo y entre otras muchas acciones y momentos que hacen el bien al prójimo.
Cabe mencionar que el 15 de agosto se celebró la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, antes el sábado pasado se realizó la “Dormición de la Virgen”; María, la madre de Jesús, no murió, se durmió, pasó de esta vida a la otra, que es la suerte que habría correspondido a los hombres si no hubiera habido de por medio el pecado original.
De esta forma se recordó el Tránsito o la Dormición el 13 de agosto y es tradición en esta fecha colocar un altar para honrar a la Virgen en este trance en espera de su gloriosa Asunción. La tradición consiste en acostar la imagen de la Virgen sobre una mesa y rodearla de manzanas y rosas, pues una antigua narración cuenta que los Apóstoles colocaron el cuerpo de la Virgen en un sepulcro y permanecieron en oración durante tres días.
Pero el Apóstol Tomás, quien no pudo estar junto a María en el momento de su tránsito, suplicó a Pedro que le permitiera ver el rostro de la madre de Jesús por última vez y al abrir el sepulcro, una fragancia como de manzanas y rosas llenó el ambiente esparciéndose por todo Jerusalén y en lugar del cuerpo de María, hallaron rosas en el sepulcro como signo de su glorificación.
A las manzanas también se les relaciona con el fruto prohibido que comieron Adán y Eva en el Paraíso, lo que provocó su destierro, pero con la perfecta obediencia de la Virgen María a la voluntad del Señor, este fruto se convirtió en signo de amor, perdón y vida que Jesucristo nos da a través de la redención.