El Clarín

Torres Piña, ante la prueba de mantener unido al bloque de la 4T

Torres Piña, ante la prueba de mantener unido al bloque de la 4T

Sep 20, 2026
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Por Héctor Edmundo Tinajero A.

La designación de Carlos Torres Piña como coordinador estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía puso fin a la competencia interna de Morena, pero abrió una etapa que requerirá una operación política mucho más compleja: construir acuerdos con los partidos aliados rumbo a 2027.


Torres Piña encabezó las encuestas. Sin embargo, el desafío ya no consiste en medir fuerzas, sino en integrar a los equipos que respaldaron otros proyectos y atender las diferencias surgidas durante el proceso. Esto incluye no solo a los grupos internos de Morena, sino también al Partido del Trabajo y al Partido Verde Ecologista de México, fuerzas que cuentan con estructuras, intereses y aspiraciones propias, y que impulsaron perfiles distintos.

Cuando Torres Piña afirma que “la unidad no se decreta, se construye”, reconoce precisamente la dimensión de este momento. Es hora de demostrar capacidad de operación política, pero también disposición para escuchar, apertura al diálogo y habilidad para alcanzar acuerdos.

La unidad no puede limitarse a una fotografía colectiva ni a un llamado para cerrar filas después de la definición. Necesita traducirse en decisiones políticas capaces de ofrecer certidumbre y participación a todos los integrantes del movimiento.

El principal foco de tensión se encuentra en el Partido del Trabajo. Su dirigente en Michoacán, Reginaldo Sandoval, dejó abierta la posibilidad de que su partido abandone la alianza y compita con una candidatura propia en 2027, con lo que trasladó al escenario estatal las diferencias que también existen en el ámbito nacional.

“No es que estemos inconformes, es que este es el proceso de Morena; el nuestro está en curso”, declaró el petista. Además, planteó la realización de una “encuesta espejo” en aquellos casos donde no existan coincidencias y señaló que este procedimiento podría resolverse en los próximos días.

La tensión existe y no debe minimizarse. Sin embargo, tampoco hay hasta ahora una ruptura formal. El PT ha fijado una posición crítica y busca conservar margen de decisión, pero los canales de negociación permanecen abiertos y las dirigencias nacionales todavía podrían intervenir para evitar un distanciamiento definitivo.

Desde Morena, Carolina Rangel, secretaria general del partido, ha insistido en integrar a quienes participaron en el proceso interno y preservar la unidad después de la designación. En esa misma ruta se han pronunciado figuras como Ariadna Montiel y Citlalli Hernández.

El mensaje es claro: la definición de la coordinación no puede convertirse en el punto de partida de nuevas divisiones.

Torres Piña tendrá que establecer una comunicación efectiva con el PT y el PVEM. El diálogo no deberá ser únicamente protocolario ni descansar en la defensa discursiva de la Cuarta Transformación. Probablemente tendrá que estar acompañado de una negociación política sobre las condiciones de la coalición, la distribución de espacios y la ruta electoral hacia 2027.

El Partido del Trabajo quiere ser escuchado y tomado en cuenta. No pretende limitarse a acompañar una candidatura definida por Morena, sino participar en las decisiones y conservar espacios de representación. Atender esa demanda no significa entregar el control de la alianza, pero sí reconocer que una coalición funciona mejor cuando todos sus integrantes encuentran razones para permanecer en ella.

A este panorama se suma la consulta anunciada por el bloque del exaspirante Raúl Morón para definir su postura. El resultado de ese ejercicio, las conversaciones entre las dirigencias y la capacidad de los diferentes actores para encontrar coincidencias después de una competencia prolongada influirán en la reorganización del movimiento.

Torres Piña llega a esta etapa con la legitimidad de haber sido designado coordinador, pero esa condición no resuelve por sí sola las diferencias. Su liderazgo también será evaluado por la manera en que incorpore a quienes respaldaron otros proyectos y por su capacidad para impedir que los desacuerdos internos terminen favoreciendo a la oposición.

El debate ya no gira alrededor de quién ganó el proceso de Morena. Ahora consiste en saber cómo se reorganizará el bloque de la Cuarta Transformación, qué lugar ocuparán sus aliados y hasta dónde podrá construirse un proyecto respaldado por algo más que acuerdos entre dirigencias.

La unidad no significa la ausencia de diferencias, sino contar con la capacidad política para procesarlas sin llegar a una ruptura. Esa será, a partir de ahora, la verdadera prueba para Carlos Torres Piña.


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