LA BÚSQUEDA DE LA ARMONÍA

 

No es una guerra
Podemos distinguir tres grandes fases en el reconocimiento de la mujer ante la sociedad: una es centrada en la demanda que tenemos por tener los mismos “derechos” hombres y mujeres en el terreno jurídico y político, otra fase centrada en la lucha por tener una verdadera ciudadanía y por último el derecho a elegir ser, mediante el desarrollo de capacidades para progresar en todos ámbitos que un ser humano merece para ser feliz.
Hoy en día se ha logrado un marco jurídico nacional e internacional, lo cual da apertura y contribuye a seguir trabajando para construir fortalezas para la equidad entre hombres y mujeres.
El “feminismo” designa un movimiento social y cultural; también una serie de teorías en torno a la situación y condición de la mujer.
Sí bien el termino feminismo, es un impulso social liberionista, que nace en los Estados Unidos durante los años sesenta, del pasado siglo veinte y que también surgió en Europa y el resto del mundo, de manera casi simultánea, pero cabe mencionar que los movimientos femeninos tienen antecedentes más antiguos.
Aristóteles, de acuerdo a lo que recoge la historia crea la tesis aristotélica sobre las funciones sociales que le estaban “determinadas” a la mujer.
El punto central de la producción académica feminista y del movimiento que lleva este sello de identidad, es la denuncia de una opresión específica a las mujeres, así como la propuesta de diversas interpretaciones acerca de su origen y de sus causas, y por último la generación de posibles vías para su superación. Un hecho que marco el destino de todas las mujeres del mundo: El asesinato de varias costureras que levantaron su voz y exigieron sus derechos. Un hecho triste, que marca esta búsqueda de la armonía social y un cambio cultural, desde hace ya varios años.
Y es que en las últimas décadas, el movimiento feminista logra una influencia muy importante en las instancias internacionales que se dedican a promover el desarrollo puesto que las disciplinas académicas han sido revolucionadas por el nutrido aporte de los estudios de mujeres en los campos de la filosofía, la historia, la literatura, la sociología, la antropología, la economía y la ciencia política, por nombrar sólo los campos de mayor presencia.
Y no podemos dejar de mencionar, por supuesto, el cambio cultural de enorme trascendencia que se ha efectuado en las propias mujeres y sus expectativas tanto materiales como simbólicas en el mundo.

Como mencione antes fue en los años sesenta, cuando nace un feminismo que lucha por los derechos de la mujer y el término “liberación” apoyado con la teoría que parte de la famosa obra literaria El Segundo Sexo, de Simone de Beauvoir.
En esta obra expresa de manera vivencial la identidad femenina como una condición de un ser humano subordinado ante otro ser humano, y con una participación social de segundo orden, además explica que no ha sido una condición que se haya dado de manera “natural”, sino que ha sido una diferenciación construida de manera deliberada y social, que parte desde el proceso educativo y formativo que experimentan las niñas desde que nacen o quizás desde antes en las mentes de sus propias madres.
No nacemos mujeres, sino que nos hacemos mujeres, a través de la educación y cultura de lo que debe ser una “mujer socialmente”, con ideas preconcebidas inducidas cada día en la mente tanto de hombres como de mujeres, prototipos emocionales y las expectativas de manera de vivir que tenemos en la sociedad, a través de la familia, de la religión, de la educación no siempre académica y sobre todo de cada cultura con sus diferentes maneras de manifestarse, que ha propuesto e impuesto como debe conducirse la mujer en todos los temas que le rodean en su vida y hasta en su muerte.
Se da en los años ochenta la presencia masiva de mujeres en centros de educación superior, abandonando la idea de quedarse en casa, para incursionar en profesiones y campos hasta entonces ocupados solo por el género masculino.
A partir de este momento la relación entre hombres y mujeres, empieza a cambiar, así como la situación de la mujer en la sociedad, la política, la economía y la cultura.
Hay logros que son un parte aguas del antes y el despees, con el derecho al voto la mujer tiene ya una identidad social y política, aunque no en cargos de poder, hasta hace poco tiempo en que varias mujeres han logrado la institucionalización del “FEMINISMO” en términos de equidad.
El feminismo ha ido transformándose de ser un movimiento vanguardista y hasta radical, sobre todo en los espacios universitarios; a ser un proceso llevado paso a paso a ir madurando ideas y transformando con un enfoque más humano en la equidad de género.
Este proceso ha tenido y tiene puntos incisivos y filosos, en cuanto a que se ha tenido por entender una competencia con el otro sexo, cuando solo se busca que se reconozcan los derechos naturales de cada ser humano.
Y a cada derecho, claro que viene una obligación, en donde el respeto es fundamental para poder estabilizar en nuestra sociedad un movimiento que solo ha querido entregar de manera enfocada el mismo camino de oportunidades para las mujeres, encauzado a lograr el bienestar social, emocional y deseable en un ser que merece ser feliz, accediendo a realizar y materializar sus sueños, en el desempeño de la actividad y/o actividades que decida ella realizar para lograr ser activa y felizmente un ser humano productivo y con el mismo derecho a ejercer o trabajar en el lugar o espacio que desee de manera positiva y de crecimiento.
El tema de la equidad busca tener un fuerte impacto en la ciudadanía de los principales foros internacionales, regionales y en las agendas nacionales, y ante la creciente presencia de la mujer en el mercado laboral y la evidencia de las sobre cargas de trabajo, la desigualdad en la remuneración, en la asignación de oportunidades, méritos y recompensas materiales y simbólicas que se constata en espacios tanto públicos como privados.